EL CABAL DE NÁPOLES: ARTE Y MAFIA EN EL BARROCO

AUTOR JOSE RIBERA

En Nápoles todo es exagerado: su belleza majestuosa deja impresionado al viajero que llega a la ciudad esperando encontrar sólo suciedad y decadencia. Pero éstas, la suciedad y la decadencia, también están presentes, y también de forma exagerada, como si en Nápoles tuviera que caber lo mejor y lo peor del Mediterráneo y, cómo no, lo más histriónico de su historia. En la ciudad han convivido grandeza y decadencia durante siglos y el resultado de ese pasado es una de las urbes sociológicamente más apasionantes del planeta.

Pero vamos a poner el foco en uno de los momentos más exagerados, dramáticos e inverosímiles de su historia: el siglo XVII, cuando Nápoles era la segunda ciudad más poblada de Europa, con medio millón de habitantes, muchos de los cuales eran asesinos, forajidos o ladrones,que se refugiaban en una ciudad gobernada lejos de la metrópolis por virreyes corruptos y nobles venidos a menos. Y también había artistas. Muchos artistas que trabajaban para esos virreyes y  esos nobles, y para la élite de la iglesia, decorando templos en pleno fervor de la Contrarreforma.

Tres de estos artistas: el valenciano José Ribera, el griego Belisario Corenzio y el napolitano Battisterio Caracciolofueron los integrantes de un grupo conocido como EL CABAL DE NÁPOLES. La historia del Cabal es tan folletinesca, que cuesta creerla. En ella se entrelazaban dos conceptos aparentemente irreconciliables: arte y mafia.

Y es que el Cabal fue una asociación mafiosa compuesta por estos tres pintores barrocos de la escuela tenebrista y seguidores de Caravaggio, uno de los genios del arte universal pero cuya trayectoria vital cuenta también con tantos claroscuros como sus obras Ribera, Corenzio y Caracciolo han pasado a la historia (sobre todo Ribera) por su innegable talento. Sus obras, expuestas en museos y alabadas en los libros de historia, han relegado sus  fechorías  a la simple categoría de anécdota novelesca. Pero lo cierto es que entre 1620 y 1641 el triunvirato siniestro convirtió la vida de sus contrincantes artísticos en un verdadero infierno.

Y cabe preguntarse si habría sido tan prolífico Ribera de no haber participado en el Cabal, de no haber extorsionado, amenazado e incluso asesinado a sus oponentes artísticos para no tener que compartir el pastel artístico de la ciudad. Eso nunca lo sabremos, lo que sí sabemos es que el Cabal de deshizo de forma brutal de los artisticas que no estaban en su círculo. Hay constancia de que, como mínimo, dos pintores fueron asesinados por el Cabal y otros muchos fueron expulsados de la ciudad de forma violenta.

Los que sufrieron de forma más directa el odio del Cabal fueron los discípulos de Carracci, junto con Caravaggio, el otro gran pintor del Barroco italiano. Pero a diferencia de Caravaggio, Carracci apostaba por el clasicismo en sus pinturas, alejándose del tenebrismo dramático de Caravaggio. Así que, quizás, el Cabal, también fundamentó su odio por una cuestión estética; quizás el Cabal se convirtió en el brazo armado en defensa de una escuela pictórica.

Dos de los discípulos más aventajados de Carracci sufrieron las iras del Cabal: Reni y Domenichino. 

Guido Reni fue una de sus víctimas. El artista llegó a Nápoles en 1621 para pintar la Capilla de San Genaro de la Catedral de Nápoles y a los pocos días  los miembros del Cabal encargaran a un sicario el asesinato del pintor. Pero debieron encargar la labor a un malhechor aficionado ya que quien acabó muerto fue uno de los ayudantes de Reni.  Así que el bueno de Guido abandonó Nápoles para regresar a la más apacible Bolonia.

Por su parte, Domenichino,  al poco de llegar a Nápoles desde Roma, en 1630, recibió una amenaza de muerte para que abandona su trabajo en la Capilla de Tesoro de la Catedral de Nápoles. En vez de abandonar la ciudad, como había hecho Reni, Domenichino continuó con su trabajo encontrándose, en muchas ocasiones, que por la noche sus frescos habían sido eliminados. Acabó escapando de la ciudad y renunciando al trabajo. Pero el Virrey de Nápoles, que no aceptaba jamás un no por respuesta, raptó a su mujer y a su hija, y amenazó a Domenichino con no liberarlas si no acababa su encargo. El pobre pintor vivió sus últimos años en Nápoles presa del pánico. Estaba convencido de que los miembros del Cabal acabarían con él. Y puede que así fuera, ya que en 1641 murió después de una extraña y dolorosa enfermedad, probablemente envenenado.

Ese mismo año también murió Carracciolo y con su muerte llegó el final del Cabal de Nápoles, uno de los episodios más novelescos y tenebrosos de la historia del arte.

Mireia García Contreras

El Cabal de Nápoles